Navegación Cabo de Hornos

por Unai Basurko en Expediciones

Extracto diario navegación Antártida Enero 2013

Desde que la familia de Bernard se puso en contacto conmigo el pasado día 6 de enero hasta hace dos días, no pudimos dejar de pensar ni un solo instante, cómo podíamos ayudar a nuestro amigo y excelente navegante suizo. El mensaje era claro, se estaba quedando sin una gota de combustible para recargar las baterías, algo que en la navegación en solitario, puede ser el mayor de los problemas.

La mala fortuna, con sendas roturas de los dos hidrogeneradores que cuelgan en la popa, unido a la lucha extrema por lo pesos de a bordo, que genera el estar peleando por la victoria en una Vendée Globe, hace que estas situaciones puedan darse entre los competidores. Por eso es la Vendée Globe, si no navegarían con barcos de acero, con todas las comodidades de tierra, pero no lo hacen. El ingenio, el desarrollo de diseños, los sistemas de navegación servirán para marcar la evolución de la náutica deportiva en los próximos años.

La planificación en el papel era sencilla. Ir al encuentro de Bernard y darle 150 litros de diésel para que pudiese sobrevivir y continuar la navegación hasta Les Sables d’Olonne. Tan solo 4 horas antes del encuentro, el Pakea Bizkaia se encontraba amarrado a la única boya que existe en toda esa zona, en una cala a tan solo 10 millas del Cabo de Hornos. Eran las 04:00 de la madrugada, repuntaba el día y actualizábamos la hora estimada de arribada del Poujolat al Cabo. El anemómetro del barco marcaba puntas de 43 nudos con una temperatura de 5 grados. Todo invitaba a quedarse en el catre durmiendo unas horas más.

Hablamos por VHF con el puesto de control de la Armada chilena en el Cabo de Hornos, y fueron claros al preguntarles por las condiciones: “no son buenas, ahora hay rachas de 65 nudos en el faro”, nos dijeron. Todo indicaba que iba a ser una maniobra complicada. Por no decir imposible.

Dejamos el fondeo a las 06:30 con la esperanza de que en las tres horas siguientes el viento nos diera un respiro. “Zamba de mi esperanza” que cantaría el gran Jorge Cafrune…

Fuimos navegando y memorizando el trayecto hasta el Cabo por si las condiciones nos obligaban a regresar “por donde fuimos”, como dice nuestro tripulante Álvaro, el gallego. Al asomar el morro y ver el promontorio de la isla de Cabo de Hornos al fondo, con rachas muy fuertes de viento del oeste, la lógica nos decía que debiamos dar media vuelta, pero habíamos estudiado y preparado el lugar en el que el viento podía ser menos fuerte. Es una pequeña ensenada que no llega a ser cala, pero sí tiene el nombre de Caleta León o Leones, como nuestro Athletic, pero estos leones marinos ya no habitan aquí, por lo menos, en esta época del año.

Un mal refugio para pasar ni siquiera unas pocas horas con condiciones de viento y mar como las de ayer. Pero acercándose mucho a tierra, a tan solo 40 metros, encontramos la buscada calma, el anemómetro se relajó marcando 15 nudos de viento, y a pesar de la ola decidimos que podíamos fondear con orinque, ya que el fondo tampoco es bueno por ser de roca.

La siguiente imagen fue ver cruzar a Bernard con su maravilloso Open 60 el Cabo de Hornos y acercarse hacia el Pakea Bizkaia, que ya le esperaba bien fondeado y con la embarcación auxiliar preparada. A partir de ahí todo ocurrió como lo habíamos hablado y planificado la noche anterior. En tan solo un par de horas habíamos realizado la asistencia solicitada.

Nunca olvidaremos ese día y estoy seguro de que Bernard tampoco, ni la cara de Bernard, con una botella de litro y medio de gasoil en la cual solo quedaba un “culín”, como dicen los asturianos….Llenar personalmente los tanques de gasoil y ver cómo las baterías del barco se iban recuperando fue una sensación…, fue como dar oxígeno a un amigo, o sentir como un ser vivo vuelve a la vida. Las lucecitas de la mesa de cartas empezaron a parpadear, verdes en vez de rojas, el pequeño motor succionaba el combustible como alguien que vuelve a respirar después de una larga y profunda apnea.

Nuestras caras y nuestra alma recobraron la paz. Todavía nos faltaba salir de allí y volver a nuestra navegación.

No hay mayor agonía para un navegante solitario que no ser capaz de generar energía, ya que esto supone horas y horas al timón; sueño, cansancio, limitaciones de la comunicación y de todos los sistemas que hacen la navegación un poco menos difícil. Bernard venía sufriendo todo esto desde muchos días atrás, y su aspecto así lo afirmaba. Pero su preparación, y su actitud son las de un superviviente, y así fue.

Le ayudamos a izar la mayor de nuevo, y toda la tripulación lo despedimos con un fuerte grito, mientras enormemente emocionados, Bernard grababa en lo más profundo de nosotros una lección de resistencia, de navegación y de humanidad que guardaremos como un tesoro.

A veces el destino y la pequeñez de este Planeta preparan encuentros de amigos en los lugares más inhóspitos y en las circunstancias más inverosímiles. El Poujoulat se perdía navegando a 14 nudos hacia el este para virar pronto, después de 30 días, al Norte, rumbo a Francia. Mientras, el Pakea Bizkaia levantaba el fondeo y con tres rizos en la mayor comenzaba su navegación hacia el Sur. Porque aunque podamos pensar que ya no hay más posibilidad de navegar hacia el Sur estando fondeados en lo que parece ser el último precipicio del mundo, como es el Cabo de Hornos en un día gris, es posible. Y esto será lo que espero podamos descubrir los siguientes días y así poder compartirlo con todos vosotros.

Pd: Quiero también agradecer a todos los que han hecho posible con su profesionalidad y actitud esta magnífica maniobra. Gracias a la Armada chilena, quien autorizo en un tiempo record la operación, y a la Armada argentina, quien se preocupó por el éxito de la misma. Gracias también a la labor del personal de Alcamar, especialmente a Alcamar Hornos y Puerto Toro; a la Capitanía de Puerto Williams; a Dennis Chevallay, quien nos consiguió bidones en un tiempo record; al buen equipo de Bernard, que desde Francia nos mantuvo informados de las necesidades de a bordo; a nuestros amigos del maravilloso club Micalvi de Puerto Williams; y a Nicolás y toda su tripulación. ¡A todos ellos, gracias!
Allez Bernard!
Unai
57 52 S 66 11 W

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