Ocean friend’s

por Gon Terceno en Expediciones

Extracto del diario de a bordo, expedición Antártida 2013.

“Es curioso cómo los objetivos de uno cambian a la velocidad del rayo cuando te llaman para avisarte de que hay un amigo en problemas. Esto es lo que nos ha pasado estos últimos días con el aviso de que Bernard necesitaba ayuda, ya que no tenía manera de cargar baterías debido a la rotura del único hidrogenerador que le quedaba. Sin electrónica en el barco ni posibilidad de usar el piloto automático debido a la falta de energía, la situación era cuando menos angustiosa, puesto que debía estar unas 20 horas al día agarrado al timón en sus últimos días de acercamiento al cabo de Hornos. La ayuda que necesitaba Bernard era en forma de 150 litros de gasoil que le permitiesen arrancar su motor y así generar energía, subir a tope de palo para colocar la driza de spy y desmontar la hélice del hidrogenerador que no funcionaba y vibraba mucho en la popa del barco.

Nuestro objetivo de buscar una ventana para cruzar Hoces (ahora Drake) pasó a un segundo plano y empezamos a coordinar con el equipo de tierra de Bernard su llegada a Hornos. Nosotros en el momento del aviso, el día 6 por la tarde, estábamos en Puerto Williams a unas 80 millas de Caleta Leones, en la isla de Hornos justo detrás del cabo, primer punto elegido entre el equipo de Bernard y nosotros para que, si las condiciones lo permitían, fondear allí y llevar a cabo el abastecimiento y reparaciones.

Salimos el día 7 por la mañana hacia Puerto Toro, a unas 25 millas de Puerto Williams y a 55 millas de la isla de Hornos. El ETA de Bernard iba cambiando cada vez que hablábamos con su equipo. Dormimos en Puerto Toro y, al día siguiente, día 8, iniciamos el acercamiento al punto de encuentro. Los 30 nudos del morrito nos hicieron poner dos rizos en la mayor y la trinqueta, dando bordos entre islas conseguimos llegar hasta caleta Martial a la noche, a 10 millas de la isla de Hornos, donde agarrados a una boya (la única existente en toda la zona) descansamos unas horas. Toda la noche estuvieron soplando vientos de entre 30 y 40 nudos. A las 6 de la mañana del día 9 largamos amarras y nos fuimos en busca de Bernard ya que su ETA era a las 9 horas local.

Llegamos al punto de encuentro en caleta Leones a las 8:30 horas, fondeamos y tiramos el dinghi el agua. En la caleta había entre 12-15 nudos de viento pero, en cuanto sacabas el morrito, subía a 20 con rachas de 25. Al de 20 minutos vemos aparecer por detrás del cabo al Poujolat con dos rizos en la mayor y nada de vela en proa. Justo a tiempo para la cita. Salimos con el dinghi a su encuentro Álvaro, Marta y yo con 20 litros de gasoil, una manguerita y un embudo. La cara de Bernard era un poema. Se veía la fatiga y el cansancio acumulado en su rostro. Casi sin saludarnos cogió el gasoil y encendió el motor para cargar baterías. Solo en ese momento, cuando oyó el rugido del motor, empezó a sonreír. Nos enseñó la botella que le quedaba con gasoil, no había más de un dedo de altura. Nos abrazamos y preparamos la maniobra para atarlo a la popa del Pakea. Todo salió perfecto.

Una vez amarrados subió Unai con Álvaro con los seis bidones de gasoil restantes. Abrazos, sonrisas, en ese momento no paraba de hablar. Después de dos meses sin ver a nadie éramos su válvula de escape. Trasvasamos el gasoil de los bidones a sus tanques y le subimos al palo para colocar la driza. Todo perfecto. Una vez acabados los trabajos le ofrecimos un tupper con lentejas y panceta recién hechas que no dudó ni un segundo en hincarle el diente. Dos meses de liofilizados son muchos meses. Al acabar de comer se quedó pensativo, intentando recordar algo que tenía que hacer. Probablemente el cansancio no le dejaba pensar con claridad. De repente se le encendió una luz y fue a buscar algo dentro de una caja. Para nuestro asombro apareció con una botella de Moet. Nos empezamos a reír y le dijimos que no se preocupara por nosotros, que la guardase para la llegada a Les Sables. Él nos dijo que no se preocupaba, que esa botella era para abrir nada más pasar el cabo de Hornos y que era justo cuando lo acababa de doblar y que lo quería celebrar con nosotros. Grande Bernard. Así que nos bebimos esa botella de champán recordando viejas historias de la Velux. Cuando acabamos la botella le dejamos en su barco tranquilo por una hora para que durmiese, no quería perder más tiempo, ya que se le escapaba el viento.

Al volver a su barco ya estaba en pie chequeando la meteo y preparado para partir. Un navegante oceánico solitario lo es las 24 horas del día. Con los tanques llenos de gasoil, aquello le parecería el paraíso. Ya solo le quedaba volver a Francia.

El Pakea despidió a Bernard con lágrimas en los ojos y con la mente puesta en la Antártida. Unos van para el Norte y otros hacia el Sur. Esa es la vida.”

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